-¿De qué color quieres el timón? –le preguntó haciendo caso omiso a la diminuta chica.
-¿Cuándo me liberarás? –reprochó ella. –Rojo, lo quiero rojo.
-Lo suponía –contestó al tiempo que metía el barco en la botella. –Te liberaré cuando termine de construirlo. Lo pondré en el mar y navegarás libre. Ahora descansa –terminó diciendo mientras dejaba la botella con el barco en la estantería, junto a otras miles, de las cuales, algunas, habían dejado de estar empañadas.
Este está muy chulo!!!!
ResponderEliminarGracias Lorenzo
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