Sin saber por qué, le di un puñetazo. Ella se plegó sobre sí misma convirtiéndose en roca. Yo la cogí y la lancé al vacío. Luego salté por el acantilado y volé tras ella, hacia al volcán donde había caído. Cuando recuperé la roca, esta se deshizo en mi mano. Me dejé llevar por el río de lava hasta llegar al mar en donde una gran ola salpicó mi cara. Ella volvió a encender la luz; y esta vez le besé el vientre; y le pregunté si eran gemelos. Entonces me convertí en polvo que pronto el aire del desierto se encargó de barrer.
Qué hermoso Henry, qué diversidad de formas para un solo actor.
ResponderEliminarMe gustó cada una de esas transformaciones y la ternura de alguna de ellas.
Un abrazo.
Gracais Yashira,
EliminarTodas esas transformaciones tienen efecto tras arrepentirse de lo que hizo.
Besos
Archibonito relato dentro de una ola de metamorfosis de violencia.
ResponderEliminarLa violencia... palabra que no debería ni de existir.
EliminarUn saludo