Procuraba no perder sujetándole las nalgas de azúcar, pero sus lágrimas saladas derritieron su rostro de porcelana y me encontré de repente sujetando un largo palo de madera. Entonces supe que había perdido algo, aunque no sabía lo que era. Rebusqué entre mis bolsillos y encontré dos tiques para el tren de la bruja. Me acerqué al revisor pero el tren ya había salido y el próximo no llegaba hasta las 15:36. Regresé al kiosco donde todo había empezado y esta vez pedí una manzana caramelizada. Quería volver a pecar, pecar de verdad.
Uy Henry, el azucar se acaba derritiendo, como la sal. Muy buena idea volver al intento de pecar. Me gusta tu propuesta para esta frase extraña.
ResponderEliminarBesos.
En las cosas buenas hay que pecar :D
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Qué bonito tu micro Henry. Tan lleno de vida y dulzura!!
ResponderEliminarBesicos muchos.
Gracias Nani.
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