-¿Puedo quedarme con sus juguetes, mamá?
-No, todavía no.
-¡Pero…!
-Aun no está muerto, ¡hijo, no seas impaciente! Tendrás que esperar, con suerte el niño morirá pronto, y podrás jugar con todos sus juguetes.
(Dos horas tardó el monóxido de carbono en hacer su efecto; durmió para siempre al chico y a sus padres.)
-¡Mami, mami! ¿Puedo ya?
-¿Por qué no se lo preguntas tu? Tal vez quiera compartirlos contigo.
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