Pescado. No sé porqué pregunto. Todos los años lo mismo. Cuarenta días. Sardinas y más sardinas. Sardinas para comer. Sardinas para cenar. Y yo lo que quiero es carne. Comer carne. Tocar carne. Maldito cinturón de castidad que no me deja ni rascar un poquito de su carne. Esta noche me disfrazo de Satanás. Lo haré. Esta noche. Me pintaré todo mi cuerpo de rojo. Me pondré unas orejas puntiagudas. Y un rabo. Un rabo grande. La obligaré. La someteré. La haré de nuevo mía. Se verá obligada a romper su castidad. A mostrarme su carne. A ofrecerme su carne. Voy a preguntar de nuevo. ¿Qué hay hoy de cenar? Pescado. Pon tres sardinas.
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El que quiera resistirse a sus propios miedos, que lo haga, pero que no imponga a los demás la abstinencia. Tienes razón: "Y un rabo".
ResponderEliminarUn saludo
JM
Cada cual que apechugue con su cruz. Pero este buen hombre ya sabía donde se metía cuando se casó con esta señora... o no :D
EliminarUn saludos
No conozco muy bien lo de la Triple C, pero veo que has vuelto a quedar finalista... has cogido la racha con un relato muy abierto a la interpretación. Yo me voy a lo fácil, a lo cachondo, al pobre que se queda sin sexo una noche más. Vaya infierno.
ResponderEliminarGracias Lorenzo. Se me están terminando los jamones de la despensa. Voy a tener que ir a cazar un día de estos.
EliminarSi quieres conocer Triple C, pincha en el enlace de la derecha. Antes solían haber más concursos, pero frenó un poco el ritmo.
Un saludo