Ya no podíamos contar con él para explorar nuevos mundos o para combatir contra naves extraterrestres; se había marchado para siempre, solo, a conquistar Andrómeda. Era el mayor, el más fuerte y experimentado, lamentaríamos su marcha. Aquella tarde yo asumí el mando. Nos juntamos en el campo base, junto a los pinos. Saqué el telescopio y lo vi, sentado en el banco del estanque, junto a Andrómeda, dándonos la espalda, a varios años luz de todos nosotros.
Así es la vida, cada uno elige su camino!!
ResponderEliminarBesicos muchos.
Es lo que debería de ser. Otras veces nos meten a palos por un camino del cual ya no queremos o no sabemos luego abandonar.
EliminarBesos
Me gusta.
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