El incómodo cadáver del mediador familiar tenía que acompañarnos en todo momento, hasta que se acabase el contrato, así lo estipulaba la ley y no había manera de saltársela. Padre quería quitarle los huesos para que fuese más cómodo transportarlo; odiaba doblarle las rodillas cuando íbamos al cine o teníamos que sentarlo para comer en el restaurante. Madre propuso vaciarlo por dentro; sus órganos descompuestos podían servir como abono orgánico para las escarolas. Pero sabíamos que en la próxima revisión se darían cuenta de los desperfectos y nos asignarían otro mediador. No era mala idea, aunque antes de matarlo le preguntaríamos cuándo prescribía su contrato.
Henry, esta semana andais un poco macabrtos todos, jejej.
ResponderEliminarMuy bueno tu micro. A mí esta vez no se me ocurrió nada, seguramente las musas se fueron a la feria a bailar sevillanas.
Besicos muchos.
Las musas, por desgracia, pueden irse a donde le den la gana :D
EliminarBesos