Sigo observando mi trocito de cielo que
encontró el niño de gafas verdes cuando cayó al suelo del parque
junto a las hojas de mi árbol preferido. Lo tiene envuelto en su
roída bufanda azul. Por las noches lo pone bajo su almohada y sueña
que es Superman. Yo es cuando intento recuperarlo, pero el pánico se
apodera de él al ver mis largas y escuálidas manos acercándose a
su rostro. Creo que un día de estos optaré por arrancar un pedacito
del niño para rellenar el hueco que tanto añoro y volver a soñar
con un mundo puro.
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