Él finge que no le importa, incluso mira hacia otro lado. El trozo de carne está ante su hocico. Lo huele con intensidad. Pero nada, le han enseñado bien a no comer de la mano de nadie. Solloza un poco y da un pequeño ladrido. Mira a su dueño que está maniatado en una silla junto a la pared. Él no entiende que ella no haga nada, normalmente siempre lo acaricia. Y otro ladrido se le escapa cuando el extraño sonríe mientras le da un lametón al colgajo que acaba de cortar.

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