-Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro en la cabeza, como yo acabo de hacer con su rodilla –dijo el sargento cabreado al soldado que no paraba de sangrar y retorcerse en el suelo de dolor. –Tome el revólver y hágalo. Y deje de quejarse. ¡Levántese y cuádrese!
-¡Sí señor! -dijo el soldado mientras se incorporaba. –Pero la bala que queda no es de fogueo señor.
-¿Alguien le ha dado permiso para hablar, para opinar…? ¡No! Pues es su turno. Apunte como le he dicho, tontamente, casi sin mirar, como si se le fuera a caer la pistola al suelo, con miedo, como si no queriendo…
.jpg)