Se oye un rítmico puf puf de fantasmas paridos. Proviene del patio de las lamentaciones. Imagino que es la malvada madrastra azotándolos con su fusta; el sonido es inconfundible, lo he sufrido en mis propias carnes. Los habrá castigado por morirse de nuevo. Me asomo temeroso por el ventanuco apoyando mi barbilla en el alféizar. Me atrevo a mirarlos a los ojos; ya vuelven a cobrar vida; los veo agitarse como si el viento los meciera. Esta noche me los volverá a poner encima. Yo los agarraré con fuerzas entre mis puños y los morderé, no quiero que mueran y me ensucien otra vez con sus amarillentas vísceras.
