Poco antes de que los domingos
fueran amargos escuchaba por teléfono su dulce voz todas las
semanas a la misma hora: “Hola papá. Te quiero mucho. Adiós papá”
Ahora el silencio que no lo rompe ni la cucharilla removiendo el
azúcar de una taza de gélido café, invade toda la sala que rodea
al teléfono. Miro su fotografía y me pregunto si realmente mereció
la pena irme a trabajar fuera durante un año. Descuelgo el teléfono
y vuelvo a escuchar su último mensaje: “Hola papá. Te quiero
mucho. Adiós papá”
¡Oh! ¡Qué triste! A veces hay que tomar decisiones difíciles y no siempre las sentimos acertadas con el paso del tiempo.
ResponderEliminarUn beso Henry, me gustó tu aportación.
Si, un poco triste, y el tiempo, a veces, poco cura.
EliminarBesos