En el campo, a mitad de la siega,
empecé a buscar sus pechos. Los fui acariciando poco a poco. Los
besé con ternura. Mordí sus pezones y empecé a chuparlos, a tomar
de su leche. Me los bebí enteros y, allí, a pleno sol, me quedé
dormida mientras ella me acunaba entre sus rudos brazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario