Cuando se prendieron las cortinas de la
cocina puse su corazón sobre la tabla de olivo y lo atravesé con un
cuchillo. Me alegré de sentir todo aquello que a ella le gustaba
escribir. Era como ser el protagonista de una novela suya. Imaginé
las llamas subiendo rápidamente por las escaleras y devorando su
cuerpo desnudo maniatado. Abrí la nevera; saqué una cerveza bien
fría; destapé un bote de banderillas picantes, pero no picaban.
Pasé la hoja del manuscrito con los dedos todavía manchados de
sangre. Allí no había nada, nadie, ni siquiera mi arrepentimiento
de no saber nunca como acabaría todo esto.
Menudo novelón Henry. Esto da para mucho.
ResponderEliminarBesicos muchos.
Muchas gracias. Pufff, que pereza escribir una novela
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¡Qué intriga Henry! ¿Y si la mató antes de tiempo? Igual tendría que haber esperado un poco más, que le diera tiempo a escribir el final de la historia. Pero bueno, la que tú nos has contado a mi me parece perfecta.
ResponderEliminarUn beso.
Se lo merece :)
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