Por fin quietas quedaron las copas en la alacena cuando retiré mi mano temblorosa de la botella de coñac. Estos dos meses de total abstinencia me están matando. Un sudor frio se apoderó de mí. Retrocedí dos pasos y respiré profundamente, como me enseñaron en la terapia. Tal vez olerlo me quitaría esta ansiedad, o mojarme los labios, o sólo un sorbo... ¡Sí!, sólo un sorbo. Agarré la botella con todas mis fuerzas y las copas temblaron de nuevo; esta vez cayeron al suelo. Todo se vino abajo. Me encuentro sumido en la oscuridad absoluta, bajo escombros, atrapado... con la botella.

Guau Henry, no me imagino una manera mejor de plasmar esos momentos tan difícil por los que pasa una persona adicta. Enhorabuena por el relato, a mí esta semana no me ha dado tiempo de participar, y eso que nos habían dado tiempo doble, pero el trabajo es lo primero.
ResponderEliminarHe visto que me seguiste en el blog y me he dicho, voy a ver quién es y qué hace, y me gusta lo que haces así que espero pasarme por aquí a menudo y conocerte más a través de tus textos.
Saludos!
Quejica
http://soyquejica.blogspot.com
Hola Henry, a mí me ha parecido que describes perfectamente lo que supone una adicción a través del personaje de unas manos temblorosas. El final : atrapado con la botella tras haber reincidido, es un buen final donde culminas la consecuencia de un sólo sorbo.
ResponderEliminarMe gusta ;-) Henry. Un abrazo.
Gracias quejica. A mí esta semana me pasa lo contrario. Estoy de vacas y no sé si podré mandar mi relato. No tengo internet en casa y por el móvil apenas tengo covertura de datos, desventajas de vivir en peblo :). Aquí eres bienvenida. Me pasaré por tu blog para quejarme :D.
ResponderEliminarGracias Laura por tus palabras. Es lo que quería reflejar con el relato, una reincidencia que acabase en algo trágico. Tal vez hubo terremoto, tal vez no; pero si terminó atrapado con la botella.