1 de marzo de 2012

Inspiración

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Deben de ser los que Rubén quiere. Me acerco a él de rodillas, para no despertarlo. Miro a Rubén que se esconde tras el cristal de la puerta del comedor. Tengo que hacerlo o me zurrará. Vuelvo a colocarme las gafas con el dedo, e intento subirme los pantalones. Puedo sentir el aliento alcohólico de los ronquidos de mi padrastro. Veo bajo su camisa desabrochada un revolver sujeto al cinturón. Vuelvo a mirar a Rubén que desespera. Sonrío. Él frunce el ceño y golpea su puño con la palma de su mano. ¿Quién sospechará de un niño seboso y miope?

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Un poco si. Un hermanastro abusón, un padrasto borracho, un niño con complejos... una pistola... no pinta nada bién.

      Besos

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