Suspiró profundamente y retiró dos cubiertos. Volvió a contar. Once. -¡Mamá! ¿Cuántos somos?
-Doce –gritó desde la cocina. –Nosotros, cinco por parte del tío Paco y cuatro del tío Federico.
Nombró con sus deditos a cada uno. -¡Mamá!, no me sale. Vienen tres del tío Federico.
-Sí cariño. Pero ponle un cubierto a la tía Evelyn.
-Pero… si la tía Evelyn está muerta –dijo mientras volvía a poner un cubierto.
-Lo sé, pero me gusta sentirla todavía entre nosotros.
Tras bendecir la mesa su padre quitó el cubierto de Evelyn y el de mamá. –No me gusta la costumbre que has heredado de tu madre.
