Seguía atrapado allí dentro. Algo había fallado. El plan de simular mi muerte para cobrar el seguro no había funcionado, o quizás ella se había marchado con la pasta. Desconocía el tiempo que llevaba enterrado. El aire estaba enrarecido. Quizás me iba desmayando y despertando cada cierto tiempo. Quizás las hormigas cavaban túneles que me iban proporcionando aire fresco de vez en cuando. No estaba agobiado, sabía que ella algún día vendría a por mí, seguro que tenía problemas con los papeles. Pero luego sucedió, lo inevitable, empezó a picarme el dedo gordo del pie, tal vez una hormiga y yo el festín.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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10 de marzo de 2015
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