Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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17 de diciembre de 2012
El último tango con Paula
En la tasca “el pecado”, aquella tarde lluviosa fue, quizás, la última de mi antigua vida. Aparqué mis penas cuando vi a esa chica de rojo bailar un tango; quedé prendido de su perfumen. Esa chica, a la que llamé Paula, la que me dio esta servilleta de papel con una invitación a bailar un último tango, no paró de mirarme mientras bailaba. Desde aquel día hasta hoy, todas las tardes al salir del tajo, me dirijo a la tasca, y aunque ya esté cerrada, abandonada y casi en ruinas, siempre me siento en la misma mesa con la esperanza de volver a encontrarme con Paula y poder bailar ese último tango que me prometió. A menudo cierro los ojos y pienso que quizás todo fue un sueño. Incluso he pensado en que aquella tarde fallecí y ahora pago mis pecados persiguiendo algo que ya nunca podré alcanzar. Otras veces, cuando cierro los ojos, creo estar metido dentro de los pensamientos de Paula. Intento alisar la servilleta perfumada con su olor una y otra vez, y la veo, me veo, nos vemos agarrados en unos pasos infinitos al son de una música que nunca cesó de sonar. Hoy cerraré los ojos muy despacio e imaginaré que todo esto no es nada más que el producto de estar bailando juntos nuestro último tango.
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