-No sé, murmura Manuela compungida.
-¿De verdad no sabes para quién son esos calcetines que estás haciendo?, le grita Manuel. Es para Manolito, tu futuro nieto.
-¡A sí!, ya sé, para Manolito.
Ella sigue tricotando los calcetines. El reloj de la cocina, callado hace tiempo, parece detener el tiempo a Manuela. Los ovillos de lana descansan sobre la sillita de madera, amontonados. Manuela los mira.
-¿Ya no le das cuerda al reloj madre? Me gustaba escucharlo por las mañanas cuando era pequeño. ¿Te acuerdas cuando esperaba sentado en esa sillita a los churros que traía papá...?
-¡A sí!, los calcetines... son para el muñeco.
