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3 de mayo de 2016

Trocitos de amor (REC)

Es como sale mejor, tamizando primero la harina sobre las claras montadas a temperatura ambiente. Así lo hacía la abuela y así lo haremos nosotras. También hay que poner ralladura de un limón del limonero donde está enterrado el abuelo. Y, como no, una pizca de amor. Lástima que de eso ya no nos quede tanto. Mira a la abuela, sin dientes, sin pelo, con la mirada de su único ojo perdida en el horizonte. Quizás podríamos empezar con sus dedos, el índice de la mano derecha, así dejará de hurgarse tanto la nariz.

9 de diciembre de 2015

Muñecas (REC 2/2)

Las besa con suma conciencia para no equivocarse. La que le regaló su madre, la de trapo, en las trenzas rojas; la de porcelana que le compró su abuela para la comunión, en sus frías y sonrosadas mejillas; la sirenita que le trajo su hermano mayor cuando regresó de la guerra , en la dorada cola escamada; la que no tiene ojos y está llena de mugre, que le dio su padre un día que lo vio escondido tras los contenedores de basura, en su corazón. Aún conserva el recuerdo  del último día que su padre estuvo en casa, el día que murió de un infarto.

18 de junio de 2014

Conspiración (REC 1/3)

-Alguien ha empezado a tirar del hilo de la corbata.
-La abuela ya ha terminado su plato de sopa.
-Los girasoles miran hacia arriba.
-El pájaro ha llegado a su nido.
-Sigue al conejo blanco

19 de abril de 2013

Paradojas (REC)


Calla y arregla de una vez la cisterna del váter, que gotea! No quiero que vuelva a subir el vecino quejándose de humedades; la última vez degolló a padre.
 -No teníamos que haber metido al bebé en la cisterna. Pídele a la abuela un poco de lana, a ver si así sello la fuga... ¡Malditos retretes alemanes!
 -Yo hoy no le pido nada, que está amortajando a su compañera de mus y si la molestamos ya sabes que es capaz de cualquier cosa. ¿No crees que pasamos mucho tiempo juntos? ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza destriparme? Hoy me he mirado al espejo y me he visto un poco rara.

21 de marzo de 2013

Abuela en la sombra (REC)


-No sé, murmura Manuela compungida.
-¿De verdad no sabes para quién son esos calcetines que estás haciendo?, le grita Manuel. Es para Manolito, tu futuro nieto.
-¡A sí!, ya sé, para Manolito.
Ella sigue tricotando los calcetines. El reloj de la cocina, callado hace tiempo, parece detener el tiempo a Manuela. Los ovillos de lana descansan sobre la sillita de madera, amontonados. Manuela los mira.
-¿Ya no le das cuerda al reloj madre? Me gustaba escucharlo por las mañanas cuando era pequeño. ¿Te acuerdas cuando esperaba sentado en esa sillita a los churros que traía papá...?
-¡A sí!, los calcetines... son para el muñeco.

11 de febrero de 2013

Alas para ver (REC II)

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel. Mamá sonríe mientras la mece. La abuela sigue tejiendo un jersey infinito al ritmo de una nana. El abuelo, con la oreja pegada a la radio apagada, pasa sin leer las páginas del mismo periódico. Papá nos mira a todos con los ojos rojos, sin decir palabra, da miedo. Me acerco a la cuna para intentar ver a mi nueva hermanita, pero no está... nunca está. Entonces giro la cabeza y me miro al espejo que está al lado de la cuna; aún no me han nacido las alas.

6 de septiembre de 2012

Cuarto y mitad

Llegadas ya estas horas, cuando el sereno hace acto de presencia y cierra el portal, es cuando por fin me relajo. Cierro los ojos y escucho el silencio que provoca el ocaso. Descuelgo el interfono y activo el mecanismo que me permite espiar a los vecinos. Es como estar viendo a la abuela del primero izquierda tricotando un jersey  rosa para su nieta; repitiendo, en una extraña letanía, un canto para atraer a la suerte. A cada vuelta de ganchillo saca, del bolsillo de su bata, un amuleto en forma de mano que frota sobre la quiniela de la semana. Me llegan, del tercero derecha, los gemidos de la ninfómana; masturbándose alocadamente con algún juguetito de los suyos; mordiendo las sabanas de rabia; lamentándose de su acalorada agorafobia. Las gemelas del segundo izquierda juegan bajo las sábanas a las tabas; puedo escuchar el chasquido de los huesos al chocar. El fetichista homosexual del tercero izquierda lame incesante algún pie desnudo. Puedo oír como la de del primero derecha pica, sobre una tabla de olivo, un amasijo de carne y tendones; Tronco espera impaciente; sentado; moviendo la colita que golpea rítmicamente la pata metálica de la silla. La gótica del segundo derecha enciende las velas del candelabro; hace conjuros de desamor mientras va arrancando dientes a una calavera peluda. Es como estar observándolo todo. Es como si pudiera viajar a través del telefonillo y verlos a todos, incluso a la portera… o el portero… o no sé que es ya tras cambiarse de sexo varias veces en este mismo año. El… la portera deja preparado en su puerta un cubo de pintura roja para que mañana temprano vuelva el pintor y no tenga que levantarse. Puedo escuchar las gorgoritas explotar en la superficie del cubo… puedo incluso olerlo… es dulce. Algo me hace desviar mi atención al vecino del ático. Le oigo recitar algo ininteligible. Escucho como se cierran uno a uno cuatro grilletes unidos a cuatro cadenas. Lo veo, puedo verlo; flotan en el aire. Es como si estuviera apresando a un ente, o… a un… sí… a mi alma. Puedo sentirla palpitar, con esa tenue luz azulada. Comprendo que es mi mente la que es capaz de escucharlo todo, de verlo todo, de sentirlo todo. Es como si estuviera esparcido por todo el bloque; troceado; dividido en pequeñas porciones. A veces pienso que estoy muerto, a veces, sólo a veces lo pienso, otras… lo estoy.

11 de julio de 2012

El ciclo de la vida

Una familia sentada en las frías escaleras del parque se abraza fuerte. Un padre juega con su hijo cerca de aquel extraño grupo de 121 personas, amontonadas, que se empeñan en tocar el cielo y rascar las nubes para hacerlas nevar. Una abuela arropa  a una docena de niños para protegerlos de un padre malabarista. Los jóvenes amantes giran en la rueda de la vida; ella suelta sus trenzas al viento, está embarazada sin saberlo; están enamorados.
Todo parece normal, piensa el anciano sabio mientras observa a todos desnudos a su alrededor. Todo son juegos y risas, amor y familia. Todo normal, todo tranquilo… menos un niño enrabietado al que tiene que aplacar su genio tocándole el puño de su mano apretada.