6 de octubre de 2011

El día de la marmota.

Son las doce horas, un minuto y quince segundos; ahora telefoneará la tía de mi marido, aunque todos sabemos que es su amante la que llama. Carlitos seguirá por lo menos dos horas más aporreando, dale que le das, el xilofón que le regaló su abuelo; sólo tres notas: “Do, Re, Mi”. Mi suegra dejará el ganchillo y pondrá la telenovela a toda pastilla. Entonces sabré que es hora de preparar la comida. Hoy lentejas, como ayer… las de ayer. Tengo ganas de llorar, pero no puedo, o no debo, o no quiero… Escucho algo desconcertante, fuera de lugar; sale del comedor; creo que es un “Si”.

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