Estaba ya tumbada demasiado tiempo. Parecía que había transcurrido toda una eternidad. La fina arena blanca bajo mi espalda parecía engullirme. Esto era el fin. Había llegado mi hora.
Vi la luz al final del túnel. Estaba por fin en el otro mundo, en el mundo de abajo, aquel del que algún día partí. Ahora deseaba que no dieran la vuelta al reloj, no quería tener que trepar otra vez por todo ese montón de arena.
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