-Y castiga sin postre al gigante egoísta –concluyó el carcelero mientras abría la trampilla de la mazmorra.
El fiel buhonero arrastró por el embarrado pasillo la enorme canasta, forjada con huesos, llena de rancios despojos de cuerpos humanos. Con la ayuda de unas tenazas fue racionándolos: Al enano dio de postre unas pútridas manos deshuesadas, al ciego un cuenco con mugrientos ojos… Pensó en la suerte que tenían aquellas entelequias, el asteroide donde estaban recluidos se aproximaba al sistema planetario Avonnot. Allí podrían abastecerse de nuevos víveres. Por eso se apiadó del gigante, al que lanzó una sangrienta calavera… para que cuestionase su propia existencia.
Qué asquete Henry, sólo de imaginarme a esos seres comiendo eso. Por lo demás, me ha gustado el micro.
ResponderEliminarBesitos!
Quejica
Por dónde andarán ahora... por lo menos podemos estar tranquilos... por la Tierra ya pasaron, y seguimos vivos.
EliminarBesos,