16 de julio de 2011

Te busco a tí.

No puedo soportarlo más, tengo que salir en su búsqueda. Estoy cansada de escuchar rumores de aquel caballero que un día intentó cortejarme: que si se enfrenta a gigantes que son molinos; que si ha atacado a un grupo de frailes creyendo que eran bandidos; que si desafía a odres de vino...  Estoy cansada de que me señalen con dedos inquisidores, como si yo fuera partícipe de su enajenación.
Llevo varios meses vagando por estas llanuras. Estoy exhausta de buscarte. Veo tu locura reflejada en mí. A veces creo ver a esos gigantes, creo que me observan. No puedo luchar contra ellos como tú bien haces. Me siento débil. Me hago pequeñita a cada paso que voy dando. Tengo miedo de no encontrarte, de perderte.  Tengo celos incluso de mis visiones: de una gigante rubia.
A lo lejos diviso un árbol con buen cobijo. Tengo que descansar. Mi locura me hace despojar de mis harapos, y desnuda  me tumbo entre sus raíces. Es cuando te veo a ti,  detrás del  revolotear de aquellos pájaros, y como buen par de locos que somos, te invito a vivir conmigo. 


   “…escondida entre las raíces del bonsái,
encontré una mujercita desnuda…”
(José María Merino. La glorieta de los fugitivos. “Ecosistema”)

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