El puñetero ojo de la cerradura me estaba esperando al doblar la esquina. Cuando iba a pasar por su lado cerré los ojos y corrí. Al parar y volver a abrirlos me encontré otra vez en el interior de La Casa Añil. A mis espaldas escuché girar la cerradura tres veces, como si estuviera soltando una sonora carcajada. Después apareció una sombra que bajaba por las escaleras; luego una mano deslizándose por la barandilla. Intenté abrir la puerta y huir, pero la cerradura había desaparecido. Una mano suave sobre mi hombro me paralizó de inmediato. Yo solo pude dejar caer la mochila al suelo.

Un mal sueño muy bien contado Henry. Imaginación y de la buena al pode!!!
ResponderEliminarBesicos muchos
Una pesadilla diria yo :D
EliminarBesos
La mochila en el suelo. De ella salieron todos los razonamientos lógicos -¿puede ser ilógica la razón?- que decidieron declarar inexistente la casa añil, la cerradura, la carcajada sonora, la sombra y todo lo soñado o imaginado. La mochila está harta de tanta ciencia ficción, de tanta fantasía, de tanto cuento, de tanto fusilamiento sin juicio, de tanta injusticia, mentira, robo, engaño. ¡A la cárcel, queda usted detenida razón!
ResponderEliminarEn la mochila esta todo Lorenzo :D Y la razón.... qué es la razón...
EliminarUn saludo