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4 de marzo de 2025

Un mundo mágico (REC)

 



Vuela, príncipe, vuela. Dijo la niña susurrando mientras lo dejaba caer por el hueco de las escaleras. Su cara era de asombro, no golpeó con ningún barrote y el príncipe cayó hasta desaparecer en un mundo mágico. Ella sorprendida e ilusionada, con una gran sonrisa, quiso seguirlo. Trepó por la barandilla y volvió a susurrar: vuela, princesa, vuela.


18 de octubre de 2016

Manuscrito (REC 1/2)

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina puse su corazón sobre la tabla de olivo y lo atravesé con un cuchillo. Me alegré de sentir todo aquello que a ella le gustaba escribir. Era como ser el protagonista de una novela suya. Imaginé las llamas subiendo rápidamente por las escaleras y devorando su cuerpo desnudo maniatado. Abrí la nevera; saqué una cerveza bien fría; destapé un bote de banderillas picantes, pero no picaban. Pasé la hoja del manuscrito con los dedos todavía manchados de sangre. Allí no había nada, nadie, ni siquiera mi arrepentimiento de no saber nunca como acabaría todo esto.

6 de octubre de 2015

La Casa Añil (REC)

El puñetero ojo de la cerradura me estaba esperando al doblar la esquina. Cuando iba a pasar por su lado cerré los ojos y corrí. Al parar y volver a abrirlos me encontré otra vez en el interior de La Casa Añil. A mis espaldas escuché girar la cerradura tres veces, como si estuviera soltando una sonora carcajada. Después apareció una sombra que bajaba por las escaleras; luego una mano deslizándose por  la barandilla. Intenté abrir la puerta y huir, pero la cerradura había desaparecido. Una mano suave sobre mi hombro me paralizó de inmediato. Yo solo pude dejar caer la mochila al suelo. 

4 de abril de 2014

Lágrimas en las ventanas (REC 2/2)

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero. Después se durmió pensando que mamá  ya no tendría que secar más los cristales de las ventanas. Por la mañana se lo contaría, que ya no había prisionero, que ya no serían necesarias más sesiones de quimio.

2 de abril de 2014

La esfera negra (REC 1/2)

Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero con sus propias manos. Tras el agotador esfuerzo vio que el cuerpo del prisionero se había transformado en una gran esfera negra. Esa esfera parecía estar leyendo su mente. Sabía que si la tocaba nada bueno ocurriría. Aún así metió sus manos dentro de ella. Entonces escuchó pasos que provenían del pasillo de arriba y el crujir de los escalones que bajaban al sótano. Alguien igual a él abrió la puerta, y todo empezó a tener sentido cuando puso sus manos sobre su cuello.

22 de marzo de 2012

Te escucho.

Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido; le escuché llorar.
Abrió la desengrasada puerta. Cambió, sin tener cuidado, sus botas por las cómodas zapatillas. Bajó lentamente por la vieja escalera de madera, sin evitar hacer crujir el quinto y noveno peldaño. Se dirigió hacia mí; el crepitar de la madera del suelo lo delató. Respiró profundamente a mi lado, y, no sé cómo, esta vez sentí también como besaba mi frente. Apagó entonces la luz de la mesilla, la cual siempre escuchaba a mamá encender.