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4 de diciembre de 2013

Gorriones pardos (REC I)

Se durmió soñando que él también podía volar, como su compañero de habitación que subió al cielo para abrazar a Dios y no le dejaron porque le ataron las manos a la espalda y lo encerraron en el cuarto luminoso. Él no quería volar al cielo para abrazar a Dios; tan solo quería preguntarle, de colega a colega, dónde estaban los cuchillos de hierro. Con los de goma no podía cosechar más almas. El trato era sencillo: almas por gorriones pardos.