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3 de marzo de 2015

Alguien voló sobre el campanario (REC)

A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes. Verán la ventana abierta y todo apuntará a un suicidio. Nadie se preguntará por qué salió a volar esta vez sobre la taza de un retrete, si a los retretes ya no les incorporan alas y han vuelto a colocar campanas en los campanarios. Hoy los feligreses estarán malhumorados, el párroco no ha consagrado suficientes hostias y no habrá para todos. Solo espero que recen para que cuando su alma sobrevuele la iglesia no se le ocurra tirar de la cadena.

6 de enero de 2015

Arrepentimiento (REC)


Sin saber por qué, le di un puñetazo. Ella se plegó sobre sí misma convirtiéndose en roca. Yo la cogí y la lancé al vacío. Luego salté por el acantilado y volé tras ella, hacia al volcán donde había caído. Cuando recuperé la roca, esta se deshizo en mi mano. Me dejé llevar por el río de lava hasta llegar al mar en donde una gran ola salpicó mi cara. Ella volvió a encender la luz; y esta vez le besé el vientre; y le pregunté si eran gemelos. Entonces me convertí en polvo que pronto el aire del desierto se encargó de barrer.

11 de noviembre de 2014

Alimentando el amor (REC 1/2)


-Pero ya nada sería igual si leo tu carta –dijo la chica de ojos grandes mientras hacía con ella una pajarita.
-Pero... No la liberes; se perderá para siempre lo que siento por ti.
-Confía en mí –dijo ella mientras la echaba a volar.
La chica de ojos grandes cogió la mano del espantapájaros y vieron como la pajarita subía y subía hasta que un rayo la hizo añicos. Entonces una lluvia de diminutas pajaritas cayó sobre ellos. El espantapájaros se fundió con la chica en un gran abrazo mientras dejaba que todas las pajaritas  se alimentaran del sembrado que él custodiaba.

6 de diciembre de 2013

Voladores (REC II)

Se durmió soñando que él también podía volar y se despertó saboreando el frío asfalto, junto a ellos.

4 de diciembre de 2013

Gorriones pardos (REC I)

Se durmió soñando que él también podía volar, como su compañero de habitación que subió al cielo para abrazar a Dios y no le dejaron porque le ataron las manos a la espalda y lo encerraron en el cuarto luminoso. Él no quería volar al cielo para abrazar a Dios; tan solo quería preguntarle, de colega a colega, dónde estaban los cuchillos de hierro. Con los de goma no podía cosechar más almas. El trato era sencillo: almas por gorriones pardos.