Todos los cuentos se vaciaron de personajes; los cinco lobitos salieron de detrás de la escoba; el coco se quitó los dientes y se desvaneció; el hombre del saco se encogió de hombros y se marchó cabizbajo. Extrañas criaturas empezaron a invadir la habitación. Entonces me acerqué al ser que estaba acunando Elisa. No tenía labios, pero parecía sonreírme. Fui a acariciarle el pelo y me arrancó un dedo.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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12 de marzo de 2014
Adiós cinco lobitos, adiós (REC)
Nuestros mismos ojos nos están engañando cariño. Lo que tienes en brazos no es nuestro bebé. Ni siquiera lo has cogido de la cuna. Apareció arrastrándose por el suelo y trepó hasta tus regazos.
Todos los cuentos se vaciaron de personajes; los cinco lobitos salieron de detrás de la escoba; el coco se quitó los dientes y se desvaneció; el hombre del saco se encogió de hombros y se marchó cabizbajo. Extrañas criaturas empezaron a invadir la habitación. Entonces me acerqué al ser que estaba acunando Elisa. No tenía labios, pero parecía sonreírme. Fui a acariciarle el pelo y me arrancó un dedo.
Todos los cuentos se vaciaron de personajes; los cinco lobitos salieron de detrás de la escoba; el coco se quitó los dientes y se desvaneció; el hombre del saco se encogió de hombros y se marchó cabizbajo. Extrañas criaturas empezaron a invadir la habitación. Entonces me acerqué al ser que estaba acunando Elisa. No tenía labios, pero parecía sonreírme. Fui a acariciarle el pelo y me arrancó un dedo.
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15 de marzo de 2012
Cuando la imaginación supera a la ficción.
-Y además nos hace daño con sus enormes garras cuando nos agarra para mordernos con sus afilados colmillos. Y...
-¡Basta! –grita el padre mientras cierra el libro que estaba leyendo-. Puedo creer que os asuste, os saque burla, insulte... pero no consiento que mintáis sobre que os hace daño.
La madre, impasible, insta a su querido esposo con sutiles codazos bajo las sábanas para que se levante y las convenza de que el coco no existe; así la dejarán descansar.
Harto de sollozos y golpazos, se levanta hacia la habitación de las niñas. Una vez allí dentro, el coco no tiene más remedio que zampárselo.
-¡Basta! –grita el padre mientras cierra el libro que estaba leyendo-. Puedo creer que os asuste, os saque burla, insulte... pero no consiento que mintáis sobre que os hace daño.
La madre, impasible, insta a su querido esposo con sutiles codazos bajo las sábanas para que se levante y las convenza de que el coco no existe; así la dejarán descansar.
Harto de sollozos y golpazos, se levanta hacia la habitación de las niñas. Una vez allí dentro, el coco no tiene más remedio que zampárselo.
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