Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
5 de mayo de 2026
15 de abril de 2025
Francotirador (REC)
No sabe si será capaz de matarla, es muy joven. La nota que pasaron era muy clara. El objetivo es muy fácil. Todas las tardes va a jugar al parque y desde la fábrica abandonada hay buen ángulo para un disparo certero. Pero esta vez había algo que no cuadraba. La IA no especificó el motivo. Parece que algún humano modificó el encargo. ¿Quién pudiera ser? ¿Por qué una niña? ¿Haría algo en el futuro? Muchas dudas para un trabajo sencillo. Seguramente la dejará vivir, aunque vaya en contra de su programación.
12 de junio de 2014
¿Cuánto cuesta una manzana? (REC 1/2)
8 de octubre de 2012
Ruiseñores mudos
2 de junio de 2012
Espejismo.
Aquella mañana, encontré a la muerte en la carretera. Estaba sola, haciendo autostop. Paré. Sin mediar palabra subió al coche, al asiento trasero. Moví el espejo retrovisor, la miré a los ojos. Reanudé la marcha. A los pocos metros vi un coche en la cuneta, humeante. Un brazo sanguinolento salía por la luna trasera. Pensaba parar, pero la muerte agarró mi hombro, ya estaba todo hecho. Tuve envidia del cuerpo sin vida que dejábamos tirado; el propósito de mi viaje era encontrar la muerte en aquella carretera; abandonar mi coche, mi vida... en el desierto. Paramos en una vieja gasolinera. Ella bajó a por unas botellas de whisky. Conocía mis gustos, me conocía bien. Cuando pasamos por una zona de curvas, entre risas, le pregunté por la niña de la curva: ¿Quién era? ¿Cómo fue creada?... Al mirar por el espejo retrovisor... lo comprendí todo. Por eso cuando vuelvas a mirar, ¡tú!, por el espejo, también lo comprenderás.
26 de marzo de 2012
Telaraña de esperanza
15 de marzo de 2012
Cuando la imaginación supera a la ficción.
-¡Basta! –grita el padre mientras cierra el libro que estaba leyendo-. Puedo creer que os asuste, os saque burla, insulte... pero no consiento que mintáis sobre que os hace daño.
La madre, impasible, insta a su querido esposo con sutiles codazos bajo las sábanas para que se levante y las convenza de que el coco no existe; así la dejarán descansar.
Harto de sollozos y golpazos, se levanta hacia la habitación de las niñas. Una vez allí dentro, el coco no tiene más remedio que zampárselo.





