Por fin terminé de fregar los platos, la fabada había sido contundente,;exhausta me quité el mandil y entré al comedor. Al abrir la puerta, aquella rocambolesca escena me dio pie para mi próximo microrrelato. Llevaba algunos días sin ninguna idea, y esta no se me podía escapar. Cerré la puerta, me senté en el sofá, saqué la libreta del bolsillo y lápiz en mano empecé a tomar notas. La abuela en la hamaca, las agujas de ganchillo por el suelo y la bobina de hilo en la otra punta del comedor. Mi marido aquí a mi lado durmiendo y sudando la gota gorda, es que es un bruto, no tenía que haber comido tanto. El abuelo con las gafas colgando y el periódico en su regazo. Mi niño dormidito en el cuco al lado de la vieja estufa de butano. Y yo... ahora... luchando por salir de aquella escena...
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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16 de julio de 2011
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