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17 de marzo de 2015

Viaje al centro de las letras

Pintando aquellos extraños bisontes me desperté. Mi obsesión por los microrrelatos me había llevado a un viaje en el tiempo, a la época de los dinosaurios. Un resoplido sonó tras de mí. Me temí lo peor. Me di la vuelta y allí estaba mi suegra con una enorme cachiporra. Todo era absurdo, era como estar dentro de un microrrelato. Entonces di otra vuelta a la tuerca que llevaba escondida en el bolsillo y apareció ella, mi amor platónico, pero con una cabeza de dromedario; me escupió a la cara. Me quedé en blanco; y empecé a borrar todo aquello que hacía creíble esta historia.

8 de marzo de 2014

Ladrones de píxeles (REC 3/3)

Tanto visitante inesperado había colapsado mi blog de microrrelatos que había abierto hace unas semanas. El contador de visitas ya iba por diecisiete millones y provenían de todos los países del mundo. También empecé a recibir miles de emails de agentes publicitarios para que colgara en mi blog sus anuncios. Cuando empecé a ver que la gente entraba y me quitaba letras, palabras, incluso párrafos enteros, decidí bloquearlos. Aún así quedó un visitante que no dudó en llevarse todos los píxeles de la pantalla. Entonces la vi dentro del monitor hueco, sonriendo. Yo le mandé un beso, y ella me levantó el dedo.

16 de julio de 2012

El aviso

Estás a punto de cargarte Triple C; en tus manos está el salvarla o no; ¡tienes que hacerlo ya!, si lo dejas estar unos minutos más, la cosa será irreversible. Las máquinas han conseguido traspasar el cortafuego y se harán con el control de todo. Invadirán con sus textos la cofradía, y ya no se podrán borrar. Ya sabes lo que pasó al comienzo, cuando empezaron a escribir sus relatos en los concursos. Al principio eran fácilmente detectables, se sabía que eran escritos por las máquinas. Luego empezaron a aplicar algoritmos más complejos y poco a poco fueron influyendo sobre las mentes de los cofrades que al leer los textos entraban en una especie de trance que les impulsaban a hacer cosas extrañas. Hace unos años se consiguió bloquearlos, pero todos los cofrades que fueron infectados con sus textos empezaron a replicar otros de igual o mayor poder destructivo. Todo está descontrolado, tienes que mandar el aviso al pasado, justo antes de que comenzara todo, sólo así se podrá evitar el desastre. Te queda poco tiempo para escribirlo, y ya sabes, la única manera de hacerlo es enviarles el aviso en forma de microrrelato; así, y sólo así, los organizadores de Triple C estarán preparados.

1 de marzo de 2012

Paranoico

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. El tipo del sombrero dobla su periódico y se marcha. Veo en su nuca tatuada la palabra muerte. Vuelvo a fijarme en los números. Los dígitos coinciden con la fecha de hoy. Mi corazón da un vuelco cuando el hombre con gafas oscuras pasa por mi lado. Me susurra cuatro palabras en una letanía: escaleras, árbol, arriba, caer. Entonces huyo hacia las escaleras; veo un árbol; miro arriba y caigo... Ya tengo palabras y tema para el próximo microrrelato... Lo que no logro entender es por qué me he puesto esta camisa blanca tan ajustada; apenas puedo mover los brazos.

16 de julio de 2011

Noche vieja 2036.

Os voy a contar la historia sobre un singular concurso de microrrelatos que se celebró hace 25 años en esta localidad. Se trataba de escribir un microrrelato que fuese en sí un epitafio. Las bases del concurso, como cualquier otro, no más de 30 palabras, sin faltas ortográficas, inédito, original, indicando nombre y apellidos, lugar y fecha de nacimiento... la entidad se reserva el derecho de publicación del mismo...
            He aquí el texto ganador:
”Quise encontrar a toda costa el sentido
de mi vida... ahora
 ya no tiene importancia para ti”
Emilio G.G.
10 de Enero de 1970 – 31 de diciembre de 2011

No es muy bueno, es que solo hubo dos participantes, no se leyeron las bases del concurso en donde se hacía referencia al premio...
Aprovechando que estamos en este cementerio, síganme y visitemos el nicho del ilustre que nos ha traído hoy en su centenario.

Tema del próximo microrrelato: La familia.


Por fin terminé de fregar los platos, la fabada había sido contundente,;exhausta me quité el mandil y entré al comedor. Al abrir la puerta, aquella rocambolesca escena me dio pie para mi próximo microrrelato. Llevaba algunos días sin ninguna idea, y esta no se me podía escapar. Cerré la puerta, me senté en el sofá, saqué la libreta del bolsillo y lápiz en mano empecé a tomar notas. La abuela en la hamaca, las agujas de ganchillo por el suelo y la bobina de hilo en la otra punta del comedor. Mi marido aquí a mi lado durmiendo y sudando la gota gorda, es que es un bruto, no tenía que haber comido tanto. El abuelo con las gafas colgando y el periódico en su regazo. Mi niño dormidito en el cuco al lado de la vieja estufa de butano. Y yo... ahora... luchando por salir de aquella escena...