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19 de octubre de 2016

Diagnóstico (REC 2/2)

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina supe que su cáncer pronto acabaría extinguiéndose. Todos los gritos de dolor pronto se condesarían en un minuto. Mis lágrimas apenas pudieron sofocar un par de letras de la carta donde aparecía su diagnóstico.

18 de octubre de 2016

Manuscrito (REC 1/2)

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina puse su corazón sobre la tabla de olivo y lo atravesé con un cuchillo. Me alegré de sentir todo aquello que a ella le gustaba escribir. Era como ser el protagonista de una novela suya. Imaginé las llamas subiendo rápidamente por las escaleras y devorando su cuerpo desnudo maniatado. Abrí la nevera; saqué una cerveza bien fría; destapé un bote de banderillas picantes, pero no picaban. Pasé la hoja del manuscrito con los dedos todavía manchados de sangre. Allí no había nada, nadie, ni siquiera mi arrepentimiento de no saber nunca como acabaría todo esto.

27 de febrero de 2012

Reencarnación

   Se acerca presuroso a recoger del suelo la lágrima cristalizada. La mira al trasluz del fuego, y, sin más, la arroja a las llamas evaporando cualquier resquicio de dolor. Abre el cofre de los recuerdos y va traspasándolos al del olvido. Lo hace con mucho cuidado, si cae alguno, también se cristalizará, como la última lágrima que derramó. Son muchos los recuerdos acumulados a lo largo de su vida;  varios de ellos caen. El reflejo de uno, al cristalizarse, es marcado a fuego en su memoria; no podrá olvidarlo jamás.
   Una vez llorado las penas y olvidado los recuerdos, se desprende de su vestimenta arrojándola al fuego eterno. Desnudo, ya preparado, se deja caer al suelo para terminar de purificar su alma. Lástima de ese lastre que tendrá que arrastrar: el recuerdo de su amor. Le espera una nueva vida de interminable búsqueda.