A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes. Verán la ventana abierta y todo apuntará a un suicidio. Nadie se preguntará por qué salió a volar esta vez sobre la taza de un retrete, si a los retretes ya no les incorporan alas y han vuelto a colocar campanas en los campanarios. Hoy los feligreses estarán malhumorados, el párroco no ha consagrado suficientes hostias y no habrá para todos. Solo espero que recen para que cuando su alma sobrevuele la iglesia no se le ocurra tirar de la cadena.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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3 de marzo de 2015
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