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7 de diciembre de 2022

SOMBRAS (REC)


Entre el tanatorio y la oficina de objetos perdidos había un sitio en el que nadie más se había dado cuenta. Un lugar en el que las almas jugaban con las sombras de los objetos que nunca encontraron a sus dueños que yacían en el edificio contiguo.

Un día, cuando las horas todavía eran inexactas, escuché el eco de unas risas mientras se pasaban de mano a mano la sombra de una pequeña pelota verde.


 

3 de marzo de 2015

Alguien voló sobre el campanario (REC)

A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes. Verán la ventana abierta y todo apuntará a un suicidio. Nadie se preguntará por qué salió a volar esta vez sobre la taza de un retrete, si a los retretes ya no les incorporan alas y han vuelto a colocar campanas en los campanarios. Hoy los feligreses estarán malhumorados, el párroco no ha consagrado suficientes hostias y no habrá para todos. Solo espero que recen para que cuando su alma sobrevuele la iglesia no se le ocurra tirar de la cadena.

8 de mayo de 2014

Con el credo en la boca (REC)


Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Ahora es demasiado tarde y no hay tiempo de suplicar misericordia. Aquellas entelequias están arañando el armazón de la nave y pronto entrarán a devorar nuestros cuerpos y almas. La Tierra, desde la órbita de Júpiter, se ve tan pequeña...

20 de abril de 2014

Trocitos de cielo (REC)

Y regresé al cielo como todas las noches. Esperé a que el señor de la puerta se despistara  para poder colarme, aunque yo sabía que él siempre me dejaba pasar. Ya dentro busqué a mamá y le di un besito de buenas noches en la frente. Ella me sonrió y yo le devolví mi mejor sonrisa mellada. Después arranqué un trocito del lecho donde yacían todas las almas y salí corriendo. Cuando llegué al final de las nubes salté y esperé a que el hombre de la cara naranja me cogiera de la mano y me llevara de vuelta al infierno.

7 de marzo de 2014

Mala Hierba (REC 2/3)


Tanto visitante inesperado llevando flores a mi tumba me estremece el alma. No lo entiendo. Yo era una persona huraña, solitaria, sin familiares, sin amigos... Todo es muy extraño. Tal vez se han confundido de sepultura. Pero todos claman mi nombre. Me fijo mejor en las flores; son cardos borriqueros. Mi nombre se convierte en un balido. Las personas ya no son personas; son borregos; borregos blancos y negros. Miles de cagarrutas cubren mi cuerpo. Y allí me quedo tirado, en el camino por el que ya nunca nadie pasa.

6 de septiembre de 2012

Cuarto y mitad

Llegadas ya estas horas, cuando el sereno hace acto de presencia y cierra el portal, es cuando por fin me relajo. Cierro los ojos y escucho el silencio que provoca el ocaso. Descuelgo el interfono y activo el mecanismo que me permite espiar a los vecinos. Es como estar viendo a la abuela del primero izquierda tricotando un jersey  rosa para su nieta; repitiendo, en una extraña letanía, un canto para atraer a la suerte. A cada vuelta de ganchillo saca, del bolsillo de su bata, un amuleto en forma de mano que frota sobre la quiniela de la semana. Me llegan, del tercero derecha, los gemidos de la ninfómana; masturbándose alocadamente con algún juguetito de los suyos; mordiendo las sabanas de rabia; lamentándose de su acalorada agorafobia. Las gemelas del segundo izquierda juegan bajo las sábanas a las tabas; puedo escuchar el chasquido de los huesos al chocar. El fetichista homosexual del tercero izquierda lame incesante algún pie desnudo. Puedo oír como la de del primero derecha pica, sobre una tabla de olivo, un amasijo de carne y tendones; Tronco espera impaciente; sentado; moviendo la colita que golpea rítmicamente la pata metálica de la silla. La gótica del segundo derecha enciende las velas del candelabro; hace conjuros de desamor mientras va arrancando dientes a una calavera peluda. Es como estar observándolo todo. Es como si pudiera viajar a través del telefonillo y verlos a todos, incluso a la portera… o el portero… o no sé que es ya tras cambiarse de sexo varias veces en este mismo año. El… la portera deja preparado en su puerta un cubo de pintura roja para que mañana temprano vuelva el pintor y no tenga que levantarse. Puedo escuchar las gorgoritas explotar en la superficie del cubo… puedo incluso olerlo… es dulce. Algo me hace desviar mi atención al vecino del ático. Le oigo recitar algo ininteligible. Escucho como se cierran uno a uno cuatro grilletes unidos a cuatro cadenas. Lo veo, puedo verlo; flotan en el aire. Es como si estuviera apresando a un ente, o… a un… sí… a mi alma. Puedo sentirla palpitar, con esa tenue luz azulada. Comprendo que es mi mente la que es capaz de escucharlo todo, de verlo todo, de sentirlo todo. Es como si estuviera esparcido por todo el bloque; troceado; dividido en pequeñas porciones. A veces pienso que estoy muerto, a veces, sólo a veces lo pienso, otras… lo estoy.

23 de abril de 2012

Apresada(Finalista Tripe-C)

       En la noche más negra del año, todas las sombras de los no muertos se reúnen en el bosque de las ánimas; sacan sus carboncillos de colores y dibujan, pintan, escriben y cantan coloridas canciones para que cuando llegue el día más blanco, las almas errantes puedan encontrar la luz que les guie al otro lado.
       Esta noche, mi sombra se ha quedado conmigo, me observa en la oscuridad de mi habitación, desde una esquina. Puedo ver sus ojos negros, que inyectan más negrura a la noche, y puedo oír, en su particular manera de hablar, con letanías, que me acerque a ella. También puedo sentir sus largos y finos dedos cuando intenta apresarme y arrastrarme a su lado. Sospecho que sabe que le he escondido sus carboncillos de colores y quiere recuperarlos; pero no puedo permitírselo, pues sabe donde está encerrada el alma de mi amor, y no quiero que le dibuje un camino de luz y consiga escapar de mi corazón.

6 de enero de 2012

Diablesa

La última alma humana que disfrutó de mi cuerpo aún sigue ardiendo en el infierno;  puedo olerla todavía –me susurró ella al oído mientras se mojaba los labios ruidosamente con su bífida lengua.
Se me pusieron los pelos como escarpias al escucharla, y a punto estuve de saltar de la cama y salir corriendo. Pero una mano en mi entrepierna… bastó para retenerme. Me di la vuelta y la miré a los ojos; los tenía negros, como el tizón. No supe que decir, y la besé en la boca. Sentí el intenso calor de sus labios, y supe entonces que ardería en el infierno.

5 de enero de 2012

Los otros.

La última alma humana que vino a visitarme hace días, iba buscando algo de caridad. Le ofrecí un mendrugo de pan duro y un cuenco con agua tibia. Pude ver en sus ojos cansados, que aquello  no era suficiente. Apenas quedan ya unas pocas. Las veo a través de mi ventana, vagando por las sucias calles, con ansias de alimentarse; y aun así, en cierto modo, envidio sus insignificantes vidas. Intento recordar cuando yo tenía alma… ¿qué cosas la nutrían? Tal vez los que vendimos… estábamos equivocados.

9 de diciembre de 2011

En el jardín de los pecados.


El pie izquierdo no me quería hacer ni caso, por más que intentaba encajarlo en mi tobillo, siempre terminaba cayéndose. Unos fríos dedos golpearon mi hombro por la espalda. Sobresaltado, giré mi cuello y comprobé que era un esquelético hombre que me indicaba con sus finos y alargados dedos, que aquel pie era suyo. Al dárselo, intuí un gesto de agradecimiento en su vasta mandíbula. Cuando retomó su camino, comprobé que a él le faltaba todo el brazo derecho. A mí sin embargo, aparte del pie izquierdo, sólo tenía que encontrar algunas costillas y el parietal derecho. Me quedaba poco para ganar aquel concurso, y poder recuperar mi alma.