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22 de noviembre de 2012

Desconexión(REC)


Déjala a ella que sea pájaro; siempre ha querido volar y liberarse de su prisión. Déjala que sea ardilla; que salte de árbol en árbol, y pueda jugar. Déjala que sea delfín; nunca ha visto el mar. Déjala que sea leopardo; que corra veloz. Déjala que sea poni; su animal favorito. Dale un capricho, sé que le gustan. Acógela en tus brazos, que se reúna pronto con su madre, que no sienta dolor, que no sufra, que cuando la desconecten... sea por fin feliz.

7 de septiembre de 2011

En la trastienda.

En el centro comercial, un niño se había quedado solo, a la hora del cierre, en la tienda de animales. Estaba apoyando sus manos en el cristal y miraba a los gatitos jugar entre recortes de periódicos. El cantar del ruiseñor azul acalló el ruido de la persiana de la tienda al cerrar. El establecimiento quedó a oscuras. Sólo permanecieron encendidas algunas luces de varios acuarios y la luz del mostrador. El niño dio un paso atrás y vio reflejado en el cristal algo parecido a un leopardo que se acercaba sigilosamente desde el mostrador; le tapó la boca y se lo llevó a un cuarto si cabe, aun más oscuro.

Evolución.

El gran simio, Ansgor, alzó los brazos al aire para clamar silencio. Todos callaron al unísono  menos un grupo de jóvenes que chillaban descontrolados dando volteretas en la arena. Ansgor rugió y saltó sobre ellos para hacerlos callar. Una vez impuesto el silencio, todos se sentaron y esperaron a Jumo. El simio chamán salió de entre los matorrales portando un gato negro bajo el brazo. Avanzó lentamente hacia el centro del grupo; andando a dos patas; apoyándose en el suelo con los nudillos de la otra mano. Puso el gato encima del pedestal y se retiró mezclándose con los demás. El gato abrió los ojos y la selva enmudeció. Sus ojos empezaron a tornarse azules, y una imagen brotó de ellos, formando en el aire un ruiseñor azul. Todos los simios empezaron a aullar y a mover los brazos enérgicamente. Fue al empezar a cantar el ruiseñor azul cuando Malca, la madre del hijo deforme que sería sacrificado, puso al lado del ruiseñor el bebé rosado y sin pelo. En el aire empezaron a revolotear cientos de buitres esperando que el ruiseñor cambiase de cantico para devorar al simio defectuoso. De repente, divisaron a lo lejos una pareja erguida de primates blancos portando un leopardo. El felino empezó a proyectar por sus ojos imágenes de fuego. La manada rompió a chillar y huyeron despavoridos del lugar. El bebé comenzó a llorar y un enorme ave Fénix lo recogió entre sus garras, llevándoselo hacia el territorio de los simios mutados.