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18 de junio de 2014

Conspiración (REC 1/3)

-Alguien ha empezado a tirar del hilo de la corbata.
-La abuela ya ha terminado su plato de sopa.
-Los girasoles miran hacia arriba.
-El pájaro ha llegado a su nido.
-Sigue al conejo blanco

22 de noviembre de 2012

Desconexión(REC)


Déjala a ella que sea pájaro; siempre ha querido volar y liberarse de su prisión. Déjala que sea ardilla; que salte de árbol en árbol, y pueda jugar. Déjala que sea delfín; nunca ha visto el mar. Déjala que sea leopardo; que corra veloz. Déjala que sea poni; su animal favorito. Dale un capricho, sé que le gustan. Acógela en tus brazos, que se reúna pronto con su madre, que no sienta dolor, que no sufra, que cuando la desconecten... sea por fin feliz.

8 de octubre de 2012

Ruiseñores mudos




     Salieron del refugio cuando se les acabó la comida y el agua. Lo primero que hicieron fue buscar a Roko. Pero no acudió a sus llamadas, seguramente estaría escarbando en las petunias del vecino. El sol brillaba como nunca; hacía calor. Ella dijo que no se escuchaban los pájaros cantar. Él comentó que estarían en el carrizal, comiendo trigo. 
     Cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la luz, ella se fijó en él y se rió de su rostro.
       -¡Tu cara es como un higo maduro, está arrugada y fofa!
       -Pues la tuya parece un melocotón sonrosado –contestó el niño también riendo.
     Ella gritó mientras se ponía las manos en la cara. Lloriqueó al comprobar que le ardía mucho, y que estaría muy fea. 
       -Pareces un melocotón maduro –continuó riéndose el chico- como los que le dábamos al abuelo que se quedó sin dientes por comer tantos. 
     Ella se metió la mano en la boca para comprobar que todavía tenía dientes, y vio estupefacta como dos se caían al suelo envueltos en sangre. Lloró. Él la consoló. Fueron al columpio en donde antes el roble daba sombra, cogidos de la mano.
       -No se escuchan los pájaros cantar...

6 de septiembre de 2012

Mis adorables vecinos... gracias.



Un sol perezoso que en su mullido manto blanco se hace el remolón; el murmullo de un avión que se aleja; unas nubes que en lo alto se escapan; una brisa que rompe en mi cara; un pajarito en la barandilla; el mar a lo lejos, calmado. Un periódico arrugado que no se deja subrayar; un teléfono que nunca suena; unas cartas sin sellos, con remitente pero sin destinatario. Una tostada fría; un café mareado; un estómago vacío; una nevera llena. Una abuela cansada; una madre que ahoga sus penas, no quiere ver su copa medio vacía; un abuelo olvidado, que olvida, que observa a su nieta que llora, su nieta que no reconoce; una mirada perdida. Unos hermanos que ríen, saltan sobre la cama; un padre demacrado que aprieta el cinturón a su puño; una hermanastra que construye pompas de jabón en el balcón. Una suerte que no llega a un décimo comprado; un grifo que gotea. Unas cortinas echadas que dicen tanto; un bonsái en el alféizar. Una jeringuilla colgada; un brazo mal apretado; una lágrima de sangre; el tiempo que se detiene; una llamada perdida. Una mujer mira una carta del hospital que se niega a abrir; un cáncer que no espera a nadie; un padre que se marchó; un niño triste que espera; unas sábanas mojadas tendidas. Un cuarto vacío; el reloj parado; la puerta entreabierta; una mirada nostálgica; un peluche inanimado, sin alma; una fotografía humedecida. Un cigarrillo encendido; una vida apagada; una eterna espera; un amor que no llega; el humo que se escapa por la ventana; aire que no respira. Un haiku que muere en un segundo cuando ni siquiera ha comenzado; un poeta frustrado; solo; olvidado; unos geranios secos que no huelen. Un hombre que acumula la mierda de todos, sin síndrome; su prisión. Un ruido seco; unas palomas que huyen del silencio; unos zapatos desatados que se acercan; y yo, sin mí. Una vida que sigue; uno que se apea, cansado, cobarde, yo; todo continúa; todo se apaga; todo se olvida.

17 de abril de 2012

El sueño del árbol. (Finalista TripeC)


Imagen de Juan Luis López Anaya.
Se puede ver en su blog:


   Veo agua, mucha agua; me rodea. Parece un mar, ¿de lágrimas?, no sé.
   Una sirena trepa por mi cuerpo; se posa en un extremo. Está húmeda. Seca sus cabellos al viento. Llora. Sus lágrimas hacen crecer margaritas sobre mi piel. Son de pétalos, de todos los colores. Miro como las coge. Las deshoja: “Me quiere, no me quiere…”. ¿Será su amor su príncipe azul?
   Un pájaro aparece de la nada; revolotea entre las ramas de mi cabeza. Me está despeinando. Se posa en lo más alto; comienza a comer margaritas. Cada pétalo de color que ingiere, hace cambiar su plumaje: Rojo, amarillo, azul, violeta… otra vez rojo. ¡No!, se comerá todas las margaritas; la sirena no sabrá si le quiere su príncipe azul.
   Se queda sin margaritas la sirena. Se zambulle en el agua de un gran salto. Chapotea. Me salpica. Un pez sale del agua; queda atrapado entre mi ramaje. ¡Qué frío está! ¡No para de moverse! Me hace cosquillas, ¡qué risa!
   ¡Tengo sueño! Doblo mis ramas hacia la almohada. Está calentita, ¡qué gustito! No puedo dejar de pensar en la sirena. ¿Estará en el fondo del mar con su príncipe?
   Me arropo con las sabanas aun sabiendo que, como, cada mañana al despertar, estarán mojadas.