Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido; le escuché llorar.
Abrió la desengrasada puerta. Cambió, sin tener cuidado, sus botas por las cómodas zapatillas. Bajó lentamente por la vieja escalera de madera, sin evitar hacer crujir el quinto y noveno peldaño. Se dirigió hacia mí; el crepitar de la madera del suelo lo delató. Respiró profundamente a mi lado, y, no sé cómo, esta vez sentí también como besaba mi frente. Apagó entonces la luz de la mesilla, la cual siempre escuchaba a mamá encender.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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22 de marzo de 2012
Te escucho.
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19 de enero de 2012
Fantasías.
-Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada –continuó diciendo mientras terminaba de atarla fuertemente de pies y manos.
-¡Ay! Me haces daño –le reprochó ella.
-¡Calla sabandija! Te tendré que castigar... ¡Lamerás mis pies!
-¡No... no quiero!
-Nadie te preguntó; ¡sucia! –le susurró al oído mientras estiraba de su pelo -.Tu boca huele a sapos –concluyó. Ella comenzó a sollozar -. Eres una quejicosa y una flojita... tendrás que darme besitos en mi pompis.
Los sollozos pasaron a llantos. Los llantos a berrinches... y al final, entre lágrimas y mocos, ella gimoteó: -No quiero jugar más a papá y a mamá.
-¡Ay! Me haces daño –le reprochó ella.
-¡Calla sabandija! Te tendré que castigar... ¡Lamerás mis pies!
-¡No... no quiero!
-Nadie te preguntó; ¡sucia! –le susurró al oído mientras estiraba de su pelo -.Tu boca huele a sapos –concluyó. Ella comenzó a sollozar -. Eres una quejicosa y una flojita... tendrás que darme besitos en mi pompis.
Los sollozos pasaron a llantos. Los llantos a berrinches... y al final, entre lágrimas y mocos, ella gimoteó: -No quiero jugar más a papá y a mamá.
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