El agente le señala la fila de menores de treinta y un años. Resignado, se dirige al final de la cola. Hay muchos jóvenes e incluso niños que apenas se mantienen en pie. Él pensaba que, con los treinta, podría ir a la otra fila. Lo han ampliado un año. Todos visten igual: mismo peinado, misma mirada, misma pulsera. Se percibe un alto nivel adquisitivo, tan correctos, tan obedientes, sin rastro de pensamiento propio. Su mente regresa a su fila y se pregunta qué tocará este año: un curso; unos análisis; algún medicamento experimental; quizá electroshock. El mismo de los últimos siete años. Máxima potencia. Rozando la lobotomía.
