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13 de mayo de 2026

Protocolo XXXI

 



El agente le señala la fila de menores de treinta y un años. Resignado, se dirige al final de la cola. Hay muchos jóvenes e incluso niños que apenas se mantienen en pie. Él pensaba que, con los treinta, podría ir a la otra fila. Lo han ampliado un año. Todos visten igual: mismo peinado, misma mirada, misma pulsera. Se percibe un alto nivel adquisitivo, tan correctos, tan obedientes, sin rastro de pensamiento propio. Su mente regresa a su fila y se pregunta qué tocará este año: un curso; unos análisis; algún medicamento experimental; quizá electroshock. El mismo de los últimos siete años. Máxima potencia. Rozando la lobotomía.

17 de octubre de 2023

Sala de espera (REC)

 


Y la luz se apagó quedando el hospital a oscuras. Solo se veían los pececillos fluorescentes nadar en el interior de las bolsas de suero de las habitaciones de los niños. Las noches así eran más llevaderas. Todos esperaban la mañana para las medicinas de azúcar, los termómetros de chocolate y las risas con las enfermeras de nariz de payaso. Parecía que el cáncer no existía, que el tiempo había dejado de pasar. 

Todo era magia y fantasía en aquel hospital, todo menos aquella pequeña sala donde esperaba la muerte que seguía sabiendo a salado.


4 de noviembre de 2014

Declaración (REC 1/3)


El muñeco fue el primero en cerrar los ojos. Después lo hice yo; 20 años. Luego vino el grito del muñeco y el mío, y tras el mío el de mis padres. Aquella imagen se quedó grabada en mi retina. Mis padres desnudos, fornicando. Por eso me llevo a los niños a casa; les doy un muñeco compañero. Y cuando están preparados les arranco los ojos. No quiero que sufran. Los que sobreviven me lo agradecen, eternamente. Pero… ¿y los muñecos? ¿No están acompañando a sus cuerpos? Son sus compañeros… los que avisan.

21 de octubre de 2014

Una Navidad con papá. REC (2/4)

Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad en la que las bicicletas cabían en los calcetines y papá no tenía que salir a repartir los regalos a todos los niños por culpa de un Papá Noel borracho y tres Reyes Magos vagos.

9 de mayo de 2013

Cobarde (REC)

Esa noche la tropa cenó compota de frutas. Laia aún tenía en mente el sabor del calostro de su madre y aquella sustancia extraña hizo que vomitara. Le recordaba a esa cosa que misteriosamente aparecía bajo su pompis y que su madre limpiaba siempre con esmero. Juan, Aitana y Sandrita se lo tomaron con humor y rieron al tiempo que hacían pedorretas esparciéndolo todo por el aire. Pedro y Laura decidieron atacar con un interminable berrinche. De repente escucharon un sonido de succión que procedía de Manuel. Todos se giraron hacia él y le dedicaron a coro un largo y sonoro ¡uh!

27 de septiembre de 2012

Transgénicos (Rec I)


Hasta chocarse contra una pila de maderos no vieron a donde habían llegado. Los cinco se quedaron asombrados al ver tan semejante montaña de madera. El mayor de todos le quitó el intertempomatrón al más gordito; se echó las manos a la cabeza.
-¿Qué has hecho idiota? ¿Qué botón has pulsado?
-¡Yo no he tocado nada!, se ha puesto en funcionamiento él solito. ¡Se habrá estropeado!
-Como se entere padre nos va a zurrar... ¡No chupes eso peque, son cadáveres de árboles!
-¿Qué son árboles?
-Los arboles fueron los últimos seres del reino vegetal que se extinguieron... pueden contagiarnos.


7 de junio de 2012

A dieta (REC I)

-Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado.
-¡Te jodes, como Herodes!
-Fue Herodes quien jodió a los niños. ¡Listo!
-¡Niños! ¡Qué asco los niños! ¡Odio a los niños!
-¿Tú crees que un niño rebozado echará menos humo que el pollo?
-Quizás.
-Pues tráete de la bodega uno... o quizás dos.
-¿Dos? ¿No engordara mucho? ¿Nos queda azufre?...

14 de mayo de 2012

Cuentos.

Ilustración de JuanLu. http://dididibujos.blogspot.com.es/
Portada del libro: / Antología de TripeC

Anoche mi abuelo me contó una historia muy particular, de cuando era joven y viajaba por todo el mundo contando cuentos a los niños. Me impresionó cuando dijo que una vez reunió a un millón de niños de todos los países y les contó mil cuentos en un solo día. No le creí, es imposible que todos ellos entendieran lo que él les contaba, pues cada niño sólo comprendía su propio idioma, el de su país natal. Esta mañana, mientras me tomaba un tazón de cacao humeante, me contó un cuento, uno muy cortito. Entonces comprendí porqué los niños lograron entender aquellos cuentos; estaban narrados en un lenguaje muy especial: la lengua de los cuentos.