El pie izquierdo no me quería hacer ni caso, por más que intentaba encajarlo en mi tobillo, siempre terminaba cayéndose. Unos fríos dedos golpearon mi hombro por la espalda. Sobresaltado, giré mi cuello y comprobé que era un esquelético hombre que me indicaba con sus finos y alargados dedos, que aquel pie era suyo. Al dárselo, intuí un gesto de agradecimiento en su vasta mandíbula. Cuando retomó su camino, comprobé que a él le faltaba todo el brazo derecho. A mí sin embargo, aparte del pie izquierdo, sólo tenía que encontrar algunas costillas y el parietal derecho. Me quedaba poco para ganar aquel concurso, y poder recuperar mi alma.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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9 de diciembre de 2011
16 de julio de 2011
ELQUESIEMPREIBACONUNPIEPORDELANTE.
ELQUESIEMPREIBACONUNPIEPORDELANTE no tenía miedo a la vida, siempre llevaba las riendas en todo. Era él el que siempre tomaba las decisiones importantes, el que iba constantemente con la verdad a todas partes; no le importaba el: “¿qué dirán? Además era un hombre que siempre dejaba huella entre dos puntos.
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