Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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16 de julio de 2012
El aviso
Estás a punto de cargarte Triple C; en tus manos está el salvarla o no; ¡tienes que hacerlo ya!, si lo dejas estar unos minutos más, la cosa será irreversible. Las máquinas han conseguido traspasar el cortafuego y se harán con el control de todo. Invadirán con sus textos la cofradía, y ya no se podrán borrar. Ya sabes lo que pasó al comienzo, cuando empezaron a escribir sus relatos en los concursos. Al principio eran fácilmente detectables, se sabía que eran escritos por las máquinas. Luego empezaron a aplicar algoritmos más complejos y poco a poco fueron influyendo sobre las mentes de los cofrades que al leer los textos entraban en una especie de trance que les impulsaban a hacer cosas extrañas. Hace unos años se consiguió bloquearlos, pero todos los cofrades que fueron infectados con sus textos empezaron a replicar otros de igual o mayor poder destructivo. Todo está descontrolado, tienes que mandar el aviso al pasado, justo antes de que comenzara todo, sólo así se podrá evitar el desastre. Te queda poco tiempo para escribirlo, y ya sabes, la única manera de hacerlo es enviarles el aviso en forma de microrrelato; así, y sólo así, los organizadores de Triple C estarán preparados.
9 de diciembre de 2011
En el jardín de los pecados.
El pie izquierdo no me quería hacer ni caso, por más que intentaba encajarlo en mi tobillo, siempre terminaba cayéndose. Unos fríos dedos golpearon mi hombro por la espalda. Sobresaltado, giré mi cuello y comprobé que era un esquelético hombre que me indicaba con sus finos y alargados dedos, que aquel pie era suyo. Al dárselo, intuí un gesto de agradecimiento en su vasta mandíbula. Cuando retomó su camino, comprobé que a él le faltaba todo el brazo derecho. A mí sin embargo, aparte del pie izquierdo, sólo tenía que encontrar algunas costillas y el parietal derecho. Me quedaba poco para ganar aquel concurso, y poder recuperar mi alma.
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