Pintando aquellos extraños bisontes me desperté. Mi obsesión por los microrrelatos me había llevado a un viaje en el tiempo, a la época de los dinosaurios. Un resoplido sonó tras de mí. Me temí lo peor. Me di la vuelta y allí estaba mi suegra con una enorme cachiporra. Todo era absurdo, era como estar dentro de un microrrelato. Entonces di otra vuelta a la tuerca que llevaba escondida en el bolsillo y apareció ella, mi amor platónico, pero con una cabeza de dromedario; me escupió a la cara. Me quedé en blanco; y empecé a borrar todo aquello que hacía creíble esta historia.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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17 de marzo de 2015
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