Pintando aquellos extraños bisontes me desperté. Mi obsesión por los microrrelatos me había llevado a un viaje en el tiempo, a la época de los dinosaurios. Un resoplido sonó tras de mí. Me temí lo peor. Me di la vuelta y allí estaba mi suegra con una enorme cachiporra. Todo era absurdo, era como estar dentro de un microrrelato. Entonces di otra vuelta a la tuerca que llevaba escondida en el bolsillo y apareció ella, mi amor platónico, pero con una cabeza de dromedario; me escupió a la cara. Me quedé en blanco; y empecé a borrar todo aquello que hacía creíble esta historia.

Vaya por Dios, ni siquiera las historias nos dejas que las hagamos como queremos que sean. Biquiños!
ResponderEliminarNada, que no nos dejan hacer nada, ni escribir.
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Estupendo Henry!! Sorprendente este micro que se va haciendo así mismo.
ResponderEliminarBesos.
Lastima que sea un microrrelato y haya tenido que borrar toda la historia completa para que estuviera en 100 palabras
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