Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
9 de mayo de 2013
Cobarde (REC)
Esa noche la tropa cenó compota de frutas. Laia aún tenía en mente el sabor del calostro de su madre y aquella sustancia extraña hizo que vomitara. Le recordaba a esa cosa que misteriosamente aparecía bajo su pompis y que su madre limpiaba siempre con esmero. Juan, Aitana y Sandrita se lo tomaron con humor y rieron al tiempo que hacían pedorretas esparciéndolo todo por el aire. Pedro y Laura decidieron atacar con un interminable berrinche. De repente escucharon un sonido de succión que procedía de Manuel. Todos se giraron hacia él y le dedicaron a coro un largo y sonoro ¡uh!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Confieso que, no sé por qué, el inicio con Laia me ha dado un poco de asquito; después todo ha ido mejor, y es que las guarderías tienen que ser una juerga y un asco.
ResponderEliminarVamos, que al final, el cuadro o imagen me parecían de lo más normales.
Gracias Luisa. Es lo que tienen los bebes, que comen y cagan, escupen... jajajaj
EliminarBesos
Vaya, pues a mí me ocurrió lo contrario: lo primero me resultó menos horripilante que el final, en el que imaginé una tropa de bambinos llenos de papillas... ¡El mundo de la infancia es aterrador!
ResponderEliminarMuy bueno, Henry
Juan M. Sánchez
juanmanuelsanchezmoreno.blogspot.com
También tiene que ser encantador, o por lo menos eso espero ;)
EliminarUn saludo
Qué peligrosos estos pandilleros prebenjamines.
ResponderEliminarY no te preocupes, seguro que será menos encantador cuando hagan lo mismo con cervezas y hamburguesas, je je.
Un abrazo Henry.
Pufff, espero que no... espero que no :|
EliminarUn salduo