2 de mayo de 2013

Estallidos (REC IV)

Disfrazado de vendedora de manzanas me instalé en el zoco esperando a que, como cada primer miércoles de cada mes, el general apareciera por aquellas estrechas calles. El olor a canela, vainilla y pimienta, del puesto de al lado, penetró por la rejilla del burka y supe en ese momento que él pasaría por delante. Se detuvo frente a mi puesto; agarró una manzana; la mordió y me sonrió. Mi corazón estuvo a punto de estallar. Tan solo pude dedicarle una tímida sonrisa mientras él seguía su camino. Algún día, cuando no quiera... no pueda vivir... le ofreceré una manzana en el cuartel.

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