Disfrazado de vendedora de manzanas el brujo apareció. Ella se dejó hechizar con la condición de que cada 25 años se pudiera despertar y bailar toda una noche con su príncipe azul. El brujo aceptó y le ofreció la manzana envenenada.
Cada 25 años, como él había prometido, su príncipe azul aparecía, la besaba y bailaban toda la noche. El primer baile fue espectacular. El segundo correcto. El tercero preocupante. El cuarto aterrador. El quito apocalíptico. En el décimo tuvo que pedir otro favor al brujo para ver si podía incinerar esos huesos que cada 25 años venían, la besaba y bailaban con ella.

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