Mi aportación para el mes de mayo ENTC "en la isla de las mujeres"
Me costó mucho encontrar la legendaria isla de las mujeres. Una extraña pista me llevó a las coordenadas exactas. Tras navegar por mil mares y enfrentarme a mil monstruos marinos, llegué a la ansiada isla. Nunca antes había visto a una mujer, por lo que fue sencillo identificarlas. Tenían dos barrigas en el pecho y parecía que todas estaban amputadas del pene, la cicatriz todavía les sangraba. Ellas también me miraban raro, nunca habían visto a un hombre. Tocaban con insistencia mi pene creyendo que era una sanguijuela y les resultaba raro ver tanto pelo en mis barrigas desinfladas. Ellas me preguntaron que cómo veníamos al mundo. Yo les dije que nos traía una cigüeña. A ellas también; extraña coincidencia.
Pasé una larga temporada entre ellas hasta que no sé si dejaron de interesarse por mí o yo pasé de interesarme por ellas. Por lo que decidí regresar a la isla de los hombres. Como ofrenda de despedida les dejé mi maquinilla de afeitar. Yo me llevé un pintalabios que te dejaba los labios suaves.
Al llegar a mi isla de origen y verme todos con mis labios rojos pasión tan suaves… se empezó a comercializar el primer “pintamorros”.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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2 de junio de 2014
11 de abril de 2013
Maleducado (REC)
-¡Y tú para de leerme la mente, maleducado, y hazme lo que quieras! – me dijo ella mientras se tumbaba en cruz sobre la hierba. No sabía lo que pretendía. La miré absorto, quizás preocupado. Le hice cosquillas en las rodillas, en los sobacos... incluso en la barriga. Ella insistía: “¡Hazme lo que quieras!”. Le puse varios escarabajos en el pelo y un caracol sobre su cuello. “¡Hazme lo que quieras!”. Le metí la mano en el bolsillo y le quité un chicle; lo mastiqué y se lo puse en la frente. “¡Hazme lo que quieras!”. Entonces, exasperado, la besé en la boca. Y ella me dio una bofetada.
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