En el campo, a mitad de la siega,
empecé a buscar sus pechos. Los fui acariciando poco a poco. Los
besé con ternura. Mordí sus pezones y empecé a chuparlos, a tomar
de su leche. Me los bebí enteros y, allí, a pleno sol, me quedé
dormida mientras ella me acunaba entre sus rudos brazos.
Garbancito es un ser pequeñito, el cual un día se escondió en una lechuga para poder así devorar, poco a poco por dentro, a la vaca que se lo tragara. En su última hazaña perdió su pequeña libreta. Por lo poco que he podido leer y entender, entre sus múltiples aficiones está la de escribir microrrelatos.
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29 de octubre de 2016
18 de diciembre de 2014
Deseos y más deseos. (ENTC)
(ilustración: Miguel Ángel Cejudo)
Mi participación en ENTC: Tras las campanadas de año nuevo
Aquél orgasmo marcó el inicio de nuestras nuevas vidas. Teníamos nuestras dudas si había sido el mejor del año pasado o sería el mejor del año nuevo. La última campanada hizo que nuestros cuerpos se fundieran en algo que nunca habíamos experimentado antes.
Nos íbamos pasando las uvas, ya a deshora, de boca en boca, mientras intentábamos mejorar lo ocurrido escasos minutos atrás. A cada uva un deseo, a cada deseo un movimiento de cadera, a cada movimiento de cadera un “te quiero”. Nos comimos varios racimos de uvas. Después descorchamos un par de botellas de cava, y a cada sorbo un deseo, a cada deseo un beso.
Ya al alba nos tumbamos, exhaustos, en la cama mirándonos a los ojos, y a cada parpadeo una sonrisa, a cada sonrisa un deseo... Y nos dormimos; y soñamos que estábamos en un mundo del que nunca despertaríamos, en el que todos los deseos que habíamos pedido se habían cumplido.
Pero despertamos, de un sueño, de otra realidad. Y aunque nuestros labios todavía sabían a nosotros, tú no eras la chica que estaba a mi lado y yo no era el chico que estaba a tu lado.
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27 de noviembre de 2014
Aparentar (ENTC)
Ilustración: Rosa Iglesias
Mi participación para ENTC: en el camarote 115 del Titanic.
En el puente de mando del Ttitanic el capitán seguía aferrado al timón mientras se volvía a colocar bien la gorra. En el bar un camarero sujetaba la copa del único borracho que quedaba sentado frente a la barra, dándole la misma inclinación que había tomado el barco. Aquellos dos castos jóvenes por fin estaban juntos en aquel largo banco aunque la chica interponía entre sus labios un abanico blanco de madera. La orquesta seguía tocando, amontonados, mirando con cierto respeto al piano que amenazaba con seguir su misma trayectoria. El chico de mantenimiento movía los cuadros hasta ponerlos rectos respecto al nuevo horizonte. Y todo esto pasaba mientras que en el camarote 115 un as de picas empezaba a emerger de la manga de mi chaqueta. Los molestos cigarrillos, a medio apagar, empezaban a flotar. Todos teníamos en los parpados pequeñas burbujitas de aire y mirábamos absortos al infinito. Nos esforzábamos, sin mucho existo, en aparentar que estábamos vivos.
30 de octubre de 2014
Abandonada (ENTC)
Ilustración: Mercedes Daza
Mi participación en ENTC (en aquella película de los 70)
¿Para qué sirvo? ¿Para qué existo? Nadie me ha visto aún y dudo que alguien lo haga. Tal cual me grabaron me metieron en una lata y me dejaron en el suelo. Ni siquiera se dignaron a colocarme en una estantería. Tan solo pusieron, con rotulador rojo, la fecha en la que me abandonaron: “30-08-1973” No escribieron nombre ni créditos ni nada. A veces pienso que soy un sueño y mis pensamientos son el eco que viaja en la espiral por cada uno de los fotogramas que me enrollan. Tengo el vago recuerdo de lo que trato. Veo un niño; sonríe... paisajes oscuros... luces que se apagan... muerte... una lágrima amarga. Una, en este estado, es capaz de desarrollar facultades inimaginables. Tengo constancia de que han existido otras como yo, idénticas. Me pude comunicar con ellas y corrieron la misma suerte que yo. Pero hace tiempo que no las escucho, como si la tierra se las hubiera tragado después de haber sido lapidadas. A veces siento que alguien me coge y me acaricia con la intención de abrirme; pero son las ratas, las mismas que han superpoblado la Tierra. Dudo que algún día puedan evolucionar y consigan verme.
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18 de septiembre de 2014
La última gran batalla (ENTC)
Ilustración: Laura Garrido . Podéis ver imagen en su blog
Mi aportación a ENTC para el mes de septiembre (tras la batalla). La última gran batalla.
Con el pómulo sangrando y la nariz rota me senté sobre la nevera portátil. Miré a mi alrededor y comprobé que todo era mío… nuestro. Hice un recuento de los miembros de la familia; no había ninguna baja. El niño tenía la cara llena de arañazos y no paraba de llorar abrazado por su madre que me miraba sonriendo haciéndome un guiño con el ojo morado. La abuela, con un chichón en la frente, no paraba de escupir por su boca blasfemias inclasificables. El abuelo aún seguía en posición de batalla, agitando su bastón roto y tocándose sus partes con actitud grotesca. A mi lado mi hijo mayor, un gran combatiente, que con mucho orgullo abrió la sombrilla que ponía fin a la última gran batalla por conquistar la primera línea de playa.
11 de agosto de 2014
Su primera vez (ENTC)
Mi participación en el mes de agosto en ENTC: Bajo la luna llena
Hago balance de su primer año de vida y no puedo evitar que se me escape una lágrima. Recuerdo su primer llanto, justo al nacer; me la dieron envuelta en una manta y mi beso en su frente la calmó. Su primer ruidito de satisfacción tras dormir una noche entera. Su primera risa. Me acuerdo la primera vez que se dio cuenta de que tenía un papá y una mamá; nos miraba con una sonrisa de oreja a oreja, hasta que volvió a engancharse a tu pecho. Cuando dijo su primera palabra. Recuerdo también la primera vez que observó el cielo y vio pasar una nube blanca, redonda; la vi reflejada en sus ojos cristalinos. Han sido tantas cosas su primera vez... Aunque de lo más orgulloso que estoy es de su primera vez que miró a la luna llena; de su primer aullido.
Hago balance de su primer año de vida y no puedo evitar que se me escape una lágrima. Recuerdo su primer llanto, justo al nacer; me la dieron envuelta en una manta y mi beso en su frente la calmó. Su primer ruidito de satisfacción tras dormir una noche entera. Su primera risa. Me acuerdo la primera vez que se dio cuenta de que tenía un papá y una mamá; nos miraba con una sonrisa de oreja a oreja, hasta que volvió a engancharse a tu pecho. Cuando dijo su primera palabra. Recuerdo también la primera vez que observó el cielo y vio pasar una nube blanca, redonda; la vi reflejada en sus ojos cristalinos. Han sido tantas cosas su primera vez... Aunque de lo más orgulloso que estoy es de su primera vez que miró a la luna llena; de su primer aullido.
23 de julio de 2014
Habitación 209 (ENTC)
Ilustración Petra Acero
Mi aportación a ENTC del mes de Julio (en aquel hotel de carretera)
Me estoy cansando ya de esto. Se ha vuelto tan rutinario…
Está anocheciendo. Llueve. Un coche acaba de llegar al aparcamiento. Tarda en apagar los faros y en bajar. Típico. ¿Qué excusa dará? ¿Se habrá perdido? ¿Se ha hecho tarde? ¿Mal tiempo?... Me saluda. Le miro con desgana. Pregunta por una habitación libre tras explicarme que se ha perdido. Él mira la llave de la 209. Yo ojeo mi cuaderno de reservas y decido darle la 107. Pronto regresará diciendo que la tele no se ve o que hay humedades o que... Hay olores, me dice mientras me devuelve las llaves. Entonces le doy la 209. Le pregunto que si está seguro. Sí. Parece que tiembla un poco.
Las 3 de la madrugada. Agarro el otro juego de llaves de la 209. Él me está esperando sentado en la cama. No dice nada. Le sugiero que no me mire. Me siento a su lado y le tapo la boca con la mano, aunque últimamente ya nadie grita. Le asesto 6 puñaladas en el vientre. Y otra vez a limpiarlo todo. Otra vez a esconder el cadáver, aunque... no sé, quizás con el próximo decida dejarlos amontonados, sobre la cama.
16 de junio de 2014
Sin salida (ENTC)
Al no encontrar la salida del laberinto decidí volver hacia atrás sobre mis pasos. Salí por la entrada. Subí al coche y conduje marcha atrás hasta casa. Borré las palabras de despedida que había escrito. Abrí la habitación de mi hijo y le saqué la bala de la cabeza. Retrocedí por el pasillo y saqué también a mi mujer dos balas. Le quité mi mano de su cara una y otra vez hasta que la dejé marchar. No sabía donde parar y tomar otra dirección, por lo que me dejé ir atrás aún más allá. Llené cientos de botellas de alcohol. Volví a sacar todo mi dinero de los casinos. Quité el anillo de casado con un sí quiero. Volví a mi país de origen. Regresé al colegio. Me metieron en el vientre de mi madre. Y allí, tranquilo, tras varios meses meditando, decidí no nacer.
2 de junio de 2014
Pintamorros (ENTC)
Mi aportación para el mes de mayo ENTC "en la isla de las mujeres"
Me costó mucho encontrar la legendaria isla de las mujeres. Una extraña pista me llevó a las coordenadas exactas. Tras navegar por mil mares y enfrentarme a mil monstruos marinos, llegué a la ansiada isla. Nunca antes había visto a una mujer, por lo que fue sencillo identificarlas. Tenían dos barrigas en el pecho y parecía que todas estaban amputadas del pene, la cicatriz todavía les sangraba. Ellas también me miraban raro, nunca habían visto a un hombre. Tocaban con insistencia mi pene creyendo que era una sanguijuela y les resultaba raro ver tanto pelo en mis barrigas desinfladas. Ellas me preguntaron que cómo veníamos al mundo. Yo les dije que nos traía una cigüeña. A ellas también; extraña coincidencia.
Pasé una larga temporada entre ellas hasta que no sé si dejaron de interesarse por mí o yo pasé de interesarme por ellas. Por lo que decidí regresar a la isla de los hombres. Como ofrenda de despedida les dejé mi maquinilla de afeitar. Yo me llevé un pintalabios que te dejaba los labios suaves.
Al llegar a mi isla de origen y verme todos con mis labios rojos pasión tan suaves… se empezó a comercializar el primer “pintamorros”.
Me costó mucho encontrar la legendaria isla de las mujeres. Una extraña pista me llevó a las coordenadas exactas. Tras navegar por mil mares y enfrentarme a mil monstruos marinos, llegué a la ansiada isla. Nunca antes había visto a una mujer, por lo que fue sencillo identificarlas. Tenían dos barrigas en el pecho y parecía que todas estaban amputadas del pene, la cicatriz todavía les sangraba. Ellas también me miraban raro, nunca habían visto a un hombre. Tocaban con insistencia mi pene creyendo que era una sanguijuela y les resultaba raro ver tanto pelo en mis barrigas desinfladas. Ellas me preguntaron que cómo veníamos al mundo. Yo les dije que nos traía una cigüeña. A ellas también; extraña coincidencia.
Pasé una larga temporada entre ellas hasta que no sé si dejaron de interesarse por mí o yo pasé de interesarme por ellas. Por lo que decidí regresar a la isla de los hombres. Como ofrenda de despedida les dejé mi maquinilla de afeitar. Yo me llevé un pintalabios que te dejaba los labios suaves.
Al llegar a mi isla de origen y verme todos con mis labios rojos pasión tan suaves… se empezó a comercializar el primer “pintamorros”.
28 de abril de 2014
Las páginas sin sal saben a poco (ENTC)
Mi aportación para ENTC.
Le regalaron a mamá un libro de cocina. Nunca nadie le ayudaba en nada, y aquel regalo no sabía si tomarlo como una burla o quizás un error. Pero al final resultó de gran utilidad.
-Hoy toca callos –me comentó mientras se levantaba de la mesa.
-¿Qué son callos?
-Es el estómago de los cerdos.
-No me gustan los estómagos de los cerdos –rechisté.
-Calla y abre el libro por la página 123 –me dijo mientras llenaba la olla de agua.
Entonces arranqué la página y antes de dársela, y sin que me viera, la chupé para ver a qué sabían esos callos. No encontré mucha diferencia con el besugo que estaba en la página 98. Ella metió la hoja en la olla y empezó a removerla.
-¿No vas a encender el fuego? –pregunté a mamá por si se le había olvidado.
-No cielo. Se nos acabó el butano.
-¿Y no le vas a echar sal? –refunfuñé.
-La sal es solo para ocasiones especiales.
-¿Y esta no es? –le dije poniendo mi mejor sonrisa.
-Sí, que lo es –me contestó mientras ponía dos granitos de sal. -Uno para mamá y otro para mi niño hermoso.
Le regalaron a mamá un libro de cocina. Nunca nadie le ayudaba en nada, y aquel regalo no sabía si tomarlo como una burla o quizás un error. Pero al final resultó de gran utilidad.
-Hoy toca callos –me comentó mientras se levantaba de la mesa.
-¿Qué son callos?
-Es el estómago de los cerdos.
-No me gustan los estómagos de los cerdos –rechisté.
-Calla y abre el libro por la página 123 –me dijo mientras llenaba la olla de agua.
Entonces arranqué la página y antes de dársela, y sin que me viera, la chupé para ver a qué sabían esos callos. No encontré mucha diferencia con el besugo que estaba en la página 98. Ella metió la hoja en la olla y empezó a removerla.
-¿No vas a encender el fuego? –pregunté a mamá por si se le había olvidado.
-No cielo. Se nos acabó el butano.
-¿Y no le vas a echar sal? –refunfuñé.
-La sal es solo para ocasiones especiales.
-¿Y esta no es? –le dije poniendo mi mejor sonrisa.
-Sí, que lo es –me contestó mientras ponía dos granitos de sal. -Uno para mamá y otro para mi niño hermoso.
28 de marzo de 2014
9 de marzo de 2014
Disfrazados de María (ENTC)
Me encontré de repente con la casa llena de gente. No los oí llegar. La fiesta de disfraces que había organizado María pintaba bien. Yo no había preparado ningún disfraz; tan solo llevaba un triste antifaz. Mi ceguera me había convertido en una persona bastante huraña. La música sonaba demasiado alta para mi gusto. Quise buscar a María, pero todos llevaban su perfumen, su caro perfumen. ¿Acaso habían entrado al baño y se lo habían arrebatado? Percibí también el tintineo de sus ostentosas joyas. Era como si se las hubieran repartido entre todos. Seguro que la habían maniatado en el sótano y se las habían quitado también. Abrí la puerta que daba acceso a las escaleras del sótano y grité su nombre. Pero nada, María no estaba allí abajo, o por lo menos no estaba allí viva. Me pareció escuchar tras de mí el sonido de sus inconfundibles zapatos de tacón de metal. Pronto me percaté de que era un hombre. Cansado de todo me fui a la cama. Allí había alguien. Estaba inmóvil. ¿Sería María? Llevaba un camisón que no era suyo. ¿Estaría muerta? Por si acaso me di la vuelta e intenté dormir.
27 de febrero de 2014
Disfrazados de María(ENTC)
Mi aportación a entc. Disfrazados de María.
10 de enero de 2014
Gamberrada navideña. (ENTC)
Ilustración de Laura Garrido. (ver original)
Me escondí detrás del ciprés que presidía su tumba. Esperé hasta que salió de su sepultura. El muy canalla abrió el ataúd del nicho que tenía debajo, aún sin lapidar, y se puso el traje que portaba su difunto. Sin dudarlo cogí un pedrusco y se lo arrojé a la cabeza. Su mandíbula se le desprendió de la cabeza. Cuando fue a recogerla me abalancé sobre él. Pero mi tío tenía una fuerza sobrehumana y siguió arrastrándose para recuperarla. Yo me aferré a sus pies con todas mis fuerzas. Solo conseguí arrancárselos junto a sus zapatos recién estrenados. Salí corriendo con ellos.
Llegué a casa sudando como un pollo, justo para sentarme a cenar. Mi madre me sirvió un plato de sopa. Cuando todos estábamos servidos, y al cerrar los ojos para bendecir la mesa, apareció mi tío dándome un pescozón y un tirón de orejas, de los de órdago. No me soltó hasta que le devolví los zapatos junto con sus pies huesudos.
5 de noviembre de 2013
Muelle 25 (ENTC)
Saqué el paquete de tabaco mientras esperaba. Me puse un cigarrillo en la boca y busqué por los bolsillos el encendedor. No lo encontré. Tiré el cigarro. Total, iba a ser el último que me fumaría en la vida. No sabía si había llegado tarde, o demasiado pronto, o tal vez Muerte era impuntual, no sé, nunca había tenido ninguna cita con ella. Intenté morderme las uñas pero ya me las había comido en mi anterior cita con María. Ella si era impuntual, aunque siempre merecía la pena quedar con ella, siempre acabábamos en la cama y siempre me pedía dinero para volver a casa en taxi. ¿Y si me había confundido de día? Saqué el telegrama que me mandó: “Día 11 de Octubre, a las 22:30, en el muelle 25, acuda con traje oscuro. Muerte”. Tan solo pasaban unos minutos de la hora. Empecé a pensar que se había olvidado de mí, que no iba a acudir a la cita, que me había dejado plantado, y si aparecía le diría que era una impresentable, que me iba para casa. Y así hice, me fui para casa, pero dejé mi cuerpo allí, tirado en el muelle.
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23 de septiembre de 2013
La libélula azul. Página 15.(ENTC)
Mi madre me dijo que desde el momento en el que fui concebida, una libélula azul apareció en el jardín de casa. Esa libélula, en cierto modo, me protegió de todo peligro durante el embarazo. Se posaba sobre su barriga y batía sus alas al ritmo de mi corazón. Ahora tú me dices que ya no eres un príncipe azul; que eres una libélula azul y que perdiste las alas en un extraño accidente; que ahora solo me quieres proteger; y que si me quedo embarazada me cuidarás para siempre. Pero tu aliento huele a sapo. Y no me creo que con aquel beso que te di te convirtieras en lo que me dices que eres ahora. Lo siento, pero te has equivocado de cuento. El tuyo comienza en la página 213, en donde están aquellos molestos moscones, y nada de azules… verdes, muy verdes.
16 de agosto de 2013
19 de febrero de 2013
13 de diciembre de 2012
La cosecha
Salto desde lo alto del volcán sobrevolando los ríos incandescentes de lava, rozando con mis alas el magma dorado, haciendo rugir al viento. Me poso sobre un árbol de llamas anaranjadas; mis garras hacen que se desprendan algunas chispas de sus ramas. Miro al horizonte y veo que las nubes de plasma candentes se aproximan a buena velocidad. Están cargadas de electricidad; miles de rayos trepan hacia el sol más cercano rodeándolo y haciéndolo descender aún más hacia el planeta. Chorros de hierro fundido emergen de las profundidades regando al bosque de arboles de llamas azules. Se acerca el otoño y pronto perderán sus hojas convirtiéndolas en vapor de azufre. La recolección de la cosecha debe dar comienzo cuando las nubes de plasma consigan arrancar fluido al sol. Después, en pocos días, el planeta entrará en una fase de letargo, convirtiendo el plasma en vapor de lluvia; apagando las cortezas de los arboles; transformando los lagos de lava en rocas. Apenas quedará vegetación en llamas y toda quedará convertida en costra humeante cuyos gases interactuarán con la atmosfera bajando drásticamente la temperatura. Saco la espiral de vidrio fundido y soplo fuertemente mi aliento ardiente. La cosecha debe comenzar.
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